La inmortalidad de tus ojos


A Roxana Navarrete

De la belleza los ojos radiantes
son su mejor atractivo y el que más perdura:
¡sólo la muerte mitiga la claridad pura
de esos eternos candiles candentes
del santuario célico de la hermosura!

Cuando los labios y el cabello,
el pecho, la cintura y la tez,
las suaves manos y el cuello
se consuman al atropello
que causa el tiempo y la vejez…

Cuando de la vida pierdas todos sus antojos,
cuando de tu belleza ninguna huella se distinga,
y de la edad sufras sus mayores despojos,
sólo quedará un atractivo que no se extinga:
¡sólo con vida persistirán tus ojos!

Sobreviviendo triunfantes ellos
mientras con el tiempo se apacigua,
extenderán por lo tanto sus destellos
como entre escombros dos astros bellos,
como farol en una hacienda antigua…

No te atemorices de las arrugas imprudentes
y los años que te faltan vivir no los cuentes;
pues cuando el tiempo caiga en sus abismos,
fascinantes siempre y destellantes,
siempre tus ojos serán los mismos…


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov

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La belleza


¿Por qué te quejas, si es tranquilo cuando miras:
el desierto, el mar, el bosque, el mundo entero?
¿Por qué te ablandas si eres de acero?
¿Por qué te asfixias cuando suspiras?

Dime, ¿por qué en medio de las amargas nubes giras
si detrás de cada negra nube brilla un lucero?
Porque únicamente el sufrimiento tuyo es verdadero
y los estándares de belleza son vil mentiras…

Cuando se juzga solo con la mirada
observamos el exterior solamente,
¡y así transformamos superficial e inútilmente
una alegre mujer en… una desdichada!

Cuando el complejo sin querer sale,
en la misma belleza el dolor cabe:
¡cuánta angustiada mujer no sabe
que sólo lo de adentro es lo que vale!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Sergey Vlasov

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