Romance de la mujer arena


Mensajes de libertad
descifrados por tus ojos,
¡ay, esos ojos los tuyos
los que descifran y escapan!
¡Huye del lente mío, antes
que este gatillo presione!
¡Huye tan lejos de mí,
huye de la patria mía!
Que mis precisas ordenes
son de bien interrogarte;
dime que no has visto nada,
¡no te escapes en tu arena!
Mujer de la arena arena,
mujer arena arenosa,
hay mil palabras en ti
y solo una me tortura.
Dicen mis agentes tuyos
que huiste por el río Tigris
y yo por ese Éufrates
como loco te buscaba.
No te dejes encontrar,
si me miras de cerca, ¡huye!
Que por mi lejana tierra
aún cegado respondo.
Mujer perdida perdida,
mujer que de mí se pierde,
acércate sin temor,
¡ay, temerosa perdida,
lo observado no confieses!
Mi perdida no confieses
lo que tus ojos han visto
que ellos son los enemigos.
Por el viento acompañada
te escabulles como arena,
mi sospechosa arenosa
en esa infinita arena
perpetuamente te pierdes;
dime todo lo que viste
si muero, muero por ti:
esos que llamas amigos
son posibles enemigos,
para mi patria son malos,
pues terroristas los llaman,
¡ay, terroristas los llaman
aquellos los invadidos!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Mohamed Somji

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En un puerto árabe


A todos los compañeros del Escuadrón de 
Ataque Aéreo 86 (VFA-86) y del portaaviones 
USS Enterprise (CVN 65) con los que combatí
 en el Medio Oriente durante las operaciones 
Libertad Iraquí y Libertad Duradera (Afganistán)

En mi vaso, un colega me sirve el mejor vino
de opacos tonos y de transparente cristal,
el que refleja todos los besos estampados
de los labios de mis más arcaicos quereres…

Arrojo a la arena con el desprecio mío
aquella amarga botella del mejor vino...
¡Sólo quiero tequila! ¡Las piñas de agave
desde tiempos coloniales saben mejor!

¡Sólo quiero pinche tequila! Que a través del vaso
pequeño, universos enteros se ven;
y como el tequila, claros son los ojos
de las irresistibles aguas del golfo de Adén...

Fumo. Los sabores del tabaco árabe
hacen que la hookah calle mi dolor.
Bebo y sonrío; nostálgico y triste
contemplo la arena sin odio ni amor...

Hace mucho calor, es verano. El rifle duerme
sin munición y en un rincón olvidado está...
Tomemos: el rico shot de tequila a las venas
y la flamante sangre más valor nos dará...

¡Maldición! Cuántos pechos brillantes hay en este «bar»,
cargando victoriosas medallas de falso esplendor.
¡Qué vacíos y tristes se ven los rifles sin cartuchos,
la hookah sin su tabaco y los vasos sin alcohol!


© Elvis Dino Esquivel
(Jebel Ali, Emiratos Árabes Unidos – Octubre de 2006)

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Muy malas noches



Finalmente completaste un capítulo en mi historia.
Ahora, que estos versos santifiquen tu memoria,
en el amor, nunca será el llanto algo cobarde...
mi corazón es de lava y, cuando sangra, ¡todo arde!

Cuando algún ingenuo me hable de amores,
le hablaré de engaños y desprecios,
mas no le contaré de mis dolores:
es mejor ser discreto con los necios...

Con mi maléfica sonrisa pondré mis labios
en las botellas de grandes placeres,
me convertiré en sabio entre los sabios
que saben cómo burlarse de las mujeres...

Serás tú la única culpable si algún día
entierro una daga a una mujer en el pecho:
Ya que tú has contaminado la mente mía,
¡Otras van a pagar por el daño que has hecho!

El orgullo me reclama cualquier venganza;
y hoy que en mi mente tu malévolo perfil copio,
creo, al observarte, que pesa en la balanza
más el amor ajeno que todo el amor propio...

Con apatía y frialdad, pero siempre con calma
y al fin sellados del amor los sensibles broches,
me retiro susurrando, al observar de tu alma
la infinita nebulosidad: ¡Muy malas noches!


© Elvis Dino Esquivel
ليلة سعيدة و أحلام لذيذة


Imagen: thewanderingslacker

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Romance urbano


Cabalgando sosegado
vencido por ilusiones,
por Los Ángeles perdido
con su fiel corredor galgo,
el flaco hidalgo respira,
vencido por su pasado,
el aire de los ayeres.
En un gentío infinito
callados por las pantallas,
el hidalgo misterioso
mira a unos pocos pasos
un negro niño que llora
y su negra madre inmóvil:
- Discúlpeme mi señora
pero hijo llorón la llama
deje un momento ese espejo
ladrón de vuestra mirada.
La señora lo retrata
sin palabra que decir,
su rostro enojado gime
y se anima a maldecir:
-¿Qué época cree que vive
anciano sin quehacer?
Lo retrato por si acaso
sea usted ladrón o no;
mi atención es mi dominio
y mis ojos son muy míos,
si a mi pequeño crío ignoro
porque otros lloros me llaman,
me han enviado unos mensajes,
el padre de mis dos vástagos
de prisión no saldrá ahora,
¿su cruel crimen? Posesión
de la hierba que distorsiona
la triste realidad.
Pidió perdón el hidalgo
y prosiguió sus andadas,
no le daba bienvenida
la caótica ciudad,
y su soledad incluso
era una habitante más...


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: City of Los Angeles

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