Tus desdenes


En el fondo de mi pensamiento
cuando duermo, siento como de tu flor
llega su dulce fragancia al aliento
de mi alma, contagiándola de amor…

¡En los ojos tuyos, mi ángel risueño,
nunca de la noche me falta la luz;
con tu imagen llenas mi inquieto sueño
y siempre me sueño clavado en tu cruz!

Somos la guerra, mi musa hermosa,
del amor que dura y del amor que fue:
¡tú eres una persona muy orgullosa
y yo mentiroso no soy y olvidar no sé!

¡Tú eres como el ave que en la noche fría, 
contra el viento, abrigo le pidió a un servidor, 
y que luego huyó a las luces del naciente día, 
olvidando al nido que le dio calor! 

¡Yo soy el engaño, que por amorío, 
prestó a la mujer su abrigada paz, 
y ahora sanando triste en mi nido frío, 
sueño con el ave que voló fugaz!

Ni por más que agites las alas que tienes,
mi apasionado incendio nunca apagarás;
¡cuanto más violentos soplen tus desdenes,
mis anhelados deseos crecerán más!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Miyake-jima Wedding

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De noctem en noctem



I roll myself upon you as upon a bed,
I resign myself to the dusk.
—Walt Whitman: The Sleepers

I

En noches como estas su recuerdo me devora,
una inquietud extraña me amarra el corazón.
Sin nada que hacer, ¡maldita sea la exacta hora
en que la luz del día mi mente iluminó!

Esta noche sus caricias me vinieron a recordar
que maldito sea el momento que en mágico embeleso,
cuando mis secos labios recibieron su primer beso,
que imbécilmente mi débil ser comenzó a ilusionar…

Esta noche nadando en mi lago… muero de su sed.
Te miro y me aborrezco. Ya no podré llamarte mía.
Ahora que te hayas al otro lado de la pared,
solo me resigno a exclamar… ¡maldita suerte impía!

II

¡Ah, qué deleite sujetarte entre mis brazos
y sentir tu corazón latir junto al mío!
¡Cuántas noches largas entre amorosos lazos
hubiera calentado tu cuerpo del frío!

Quiero en esta triste noche mis labios secos poner
en tu centellante rostro; mientras ansiando delicia,
quiero tu aliento, tu suspiro y tus lagrimas beber
como afanosa prueba de mi sedienta caricia…

Siento mi vida deslizándose con calma
hacia el desierto de la vasta soledad…
sin esperanza, sin fe, se hunde con frialdad,
llevándose consigo mi marchita alma…

III

Me encanta ver las nubes grises en los lóbregos cielos
hartas de cargar con las penas que tienen que sufrir.
Me encanta ver los campos sin flores y sin arroyuelos
de las ásperas montañas donde te he de perseguir…

Me encanta ver con delirio la batalla a muerte
de la guerra que tu ficticio dios comenzó,
y luego ver tendido sobre la tierra, inerte,
aquel a quien la bala del otro atravesó…

Me encanta de la triste noche sus tenebrosas tinieblas
y de un mar embravecido su mortal agitación ver;
y de la inexplorada costa solitaria por las nieblas
mirar cómo se despide el marinero de su mujer…

Confieso que me gusta ver pesares más grandes que los míos,
y ver como brota, agobiado, mi mustio llanto congelado:
En esta noche fría, mis llantos serán caudalosos ríos,
¡qué se congelarán con la apatía de mi ser más amado!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Sergey Vlasov

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