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Olvidar dura una eternidad



En este solitario mar navegaste un día,
en mi solitario corazón tu amor pusiste
y solitario aún te recuerdo todavía.
¡Me acompaña tu recuerdo en mi barco temido,
y en la solitaria guerra, que combato triste,
en aquel infinito desierto del olvido!

¿Ya me olvidaste? ¿Ya me has dejado de amar?
Por supuesto que no: ¡el marino que navega
nunca puede olvidarse de su amado mar
ni mucho menos de su adorado navío,
la playa no se olvida de la ola que llega
ni el mar de la montaña mientras fluya un río!

No puedo olvidarte: en la guerra me pierdo,
mas perdiéndome solitario en ella consigo
entender el secreto de tu recuerdo.
¡Tú eres para mí lo que el marinero es al mar,
lo que la muerte es a la sangre del enemigo,
lo que la guerra es a la gloria del militar!

No sé cómo sobrevivo aquí tan lejos,
sin verte, sin acariciarte, sin escucharte.
Sigues presente en todos los áridos espejos,
porque tú, cuando se encuentra mi alma trágica
en las profundidades del desierto, ¡eres mi arte,
mi guía, mi zahir, mi vida y mi escritura mágica!

No importa si lejos estoy, ¡aún puedo mirarte!
Ya que la ingenua memoria, en sus insensateces,
te tiene viva y presente aunque estés tan aparte;
y delirando así, aún en la beligerancia,
te siento cerca, muy cerca… ¡porque sueño a veces
que no existe eso que llamamos tiempo y distancia!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Jerry Uelsmann

Golfo Pérsico


A Christian M. Beltrán, USN

¿Aún sientes en la profundidad de tu alma
ese absurdo ardor patriótico del cielo
que te incomoda dormir y soñar en calma?
Duerme marino que la muerte es vida:
deja que tu orgullo continúe en duelo
y desea, con tu dogma dormida,
volver a pisar ese rígido suelo.

Puto golfo que convierte en negras arenas
al inmenso mar. ¡Esta guerra importa poco!
¿Acaso habrá mayor tempestad que tus penas?
Mantén la frente en alto. Deja mientras tanto
los cobardes yihadistas te llamen loco,
y muéstrales tus armas en vez de tu llanto.

Tranquilo, que al fin la desolación humana
te devolverá esa ansia de sobrevivir:
¡marino, tu realidad vendrá mañana
pero antes tendrás que combatir y sufrir!

Golfo de gobiernos idiotas.
Golfo del combatiente oculto.
Golfo de las guerras remotas.
Deja de arder: ¡tu fuego inculto
no se extinguirá con sus gotas!


Jamás te escondas de ese golfo idiota,
ignora sus absurdas guerras y su clima,
¡porque a tu cuerpo ni a tu alma derrota!
Aunque tenga aires históricos de grandeza,
recuérdale que tu libertad se aproxima
y que te marcharás con ilustre firmeza
de sus negras aguas de ávida amargura.

Al evacuar ese golfo cruel, sonríele:
la sonrisa de la libertad perdura;
recuérdale al golfo que lo daña todo,
que ya no habrá algún marinero que vele.

La guerra en la vida es solamente un periodo:
todas las batallas que desatas a diario 
son un doloroso espejismo solamente,
que te tornan en el guerrero legionario
que combate para no perderse en su mente.


© Elvis Dino Esquivel

Romance de la mujer arena


Mensajes de libertad
descifrados por tus ojos,
¡ay, esos ojos los tuyos
los que descifran y escapan!
¡Huye del lente mío, antes
que este gatillo presione!
¡Huye tan lejos de mí,
huye de la patria mía!
Que mis precisas ordenes
son de bien interrogarte;
dime que no has visto nada,
¡no te escapes en tu arena!
Mujer de la arena arena,
mujer arena arenosa,
hay mil palabras en ti
y solo una me tortura.
Dicen mis agentes tuyos
que huiste por el río Tigris
y yo por ese Éufrates
como loco te buscaba.
No te dejes encontrar,
si me miras de cerca, ¡huye!
Que por mi lejana tierra
aún cegado respondo.
Mujer perdida perdida,
mujer que de mí se pierde,
acércate sin temor,
¡ay, temerosa perdida,
lo observado no confieses!
Mi perdida no confieses
lo que tus ojos han visto
que ellos son los enemigos.
Por el viento acompañada
te escabulles como arena,
mi sospechosa arenosa
en esa infinita arena
perpetuamente te pierdes;
dime todo lo que viste
si muero, muero por ti:
esos que llamas amigos
son posibles enemigos,
para mi patria son malos,
pues terroristas los llaman,
¡ay, terroristas los llaman
aquellos los invadidos!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Mohamed Somji