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Viajero perdido


I

Sentados en el bosque pasan rápido las horas.
Mientras nos miramos como personas extrañas.
Hay tensión. Tus ojos son atemporales auroras
que brillan en la noche de tus tenues pestañas.

Estando lejos de nuestros cálidos hogares,
comenzamos a discutir con fría rudeza;
luego yo con frases apáticas y vulgares,
comienzo a denigrar del amor su belleza.

Me callas tranquilamente con tus manos suaves
y con taciturna voz curiosa me preguntas:
«¿cuáles han sido todas las misteriosas claves
de todas tus actuales relaciones difuntas?»

II

Nunca has amado, lo juras; dudo pero te creo:
no solo eres mujer, también inmortal diosa eres;
como ya no soy un desconfiado y amargado ateo,
¡le creo cada vez más a todas las mujeres!

Soy tu último amor y buscas nuevas aventuras,
amarnos a la intemperie, dejando siluetas:
quieres entregarte sin basarte en conjeturas
y descubrir del amor propiedades secretas.

Reflexiono. ¡Soy un donjuán arrepentido!
Te revelo todos mis amores difuntos:
siempre fuiste mi destino, pero he tenido
que peregrinar para concluir asuntos.

III

Finalmente nos encontramos... ¡ven a mis brazos!
perdona la demora, fui un perdido viajero.
Mi mente y mi espíritu están hechos pedazos,
¡pero todo mi ser te pertenece entero!

No te preocupes, jamás tornaré la vista
hacia esos amores muertos. Amor, ten calma,
¡ya que altiva marcharás en plan de conquista
sobre las amorosas cenizas de mi alma!

Como zombis resucitarán tras tu paso
y te verán como la diosa de mi universo;
resignadas, con desprecio te dirán acaso:
verus amori nunquam mori en su verso.

IV

Con las manos sostenidas, juntos nos perdemos
en el oscuro bosque. Después atento escucho
tu voz diciéndome: «¡Por favor ámame mucho
para que juntos toda la eternidad duremos!»

«¡El amor me trajo a ti!» respondo al verte.
Vigilando tus bellos ojos te digo
que siempre en los sueños estuve contigo,
¡porque te amé mucho antes de conocerte!

Mi contaminado amor con tu corazón destilaste:
la misteriosa energía que me despidió en el puerto,
provino del mismo sol que me iluminó en el desierto.

No importa si en el ayer de mi loca mente te aislaste,
hoy la travesía por ti con un beso la concluyo:
¡ya que tú siempre serás mía y yo siempre seré tuyo!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: kevissimo

Militar


Tus ojos tornan a pasados días,
militar que subsiste de memoria,
a traumas de heroicas alegorías
escritas en los libros de la historia.

No te disculpes: tu mente deforme
abandonó al de tu ya añeja infancia,
¿quién se atreve vestir un uniforme
y luchar por «libertad» a distancia?

Ni la política capitalista
intoxicó tu patriótico orgullo;
para que en libertad la patria exista
los osados sacrifican lo suyo.

Combates y tus fieles ideales
en abstractos minerales se venden;
sangran agonizantes tus cristales
pero solo Marte y tú entienden.

Tú luchas, tú inspiras: inocente
das al rico para su propaganda,
no objetas por no ser imprudente,
lo que tu cegado pueblo demanda.

A la guerra en una nación distante,
tu legado patrio valor te inspira,
y cuando ves injusticias delante
descubres de la misión su mentira.

Tú, con doliente mirada que aterra,
traumado buscas ya cualquier consuelo:
¡no moriste olvidado en esa tierra
pero tu vida ahora es un desvelo!

Roto el cerebro, el espíritu roto,
vagas en la apática sociedad
que decide por ti con su vil voto
sin entender tu interna tempestad.

Tan solo quieres paz, ¡vaya ironía!
Tu cuerpo y tu alma tienen cicatrices;
escuchas los horrores todavía
de aquellos invadidos infelices.

Ninguna medalla en tu dócil pecho
sepultará lo que viste en batalla.
El olvido solo ofrece su techo
al que su calvario en secreto calla.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Danny Quirk

La tregua


A Chadwick T. Kenyon, USN

¡Alto al fuego! La belicosa jornada
regala al fin un minuto al desconsuelo,
negro humo sigue emanando, y la mirada
clama paz pero sigue ávida de duelo.

¡La tregua es fatídica! Pueblos en ruinas
desean tu partida o enterrarte en hoyos:
quieres correr, pero está lleno de minas;
mueres de sed, pero no hay lagos ni arroyos.

¡La guerra es paradoja! Hay alegría y llanto,
el tiempo es vertiginoso y a la vez lento;
seguir vivo es bendición y desencanto;
dormir es meditación y sufrimiento.

Sigamos la batalla demoledora
o iniciemos la cobarde retirada;
que esta guerra injusta y colonizadora
será olvidada en la historia de la nada.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Michael Fay

En versos te fuiste


«¿Comprendes ya que un poema
cabe en un verso?»
Rima XXIX - Gustavo Adolfo Bécquer

A C.S.B.

Fuiste mi musa. Pero, ¿en qué lindo verso
podré describir tus facciones de diosa?
Si en estas líneas te doy mi universo,
¿qué más podré escribirte, musa grandiosa?
 
Si la poesía se atreviera un día,
sobre este papel que guarda tu hermosura,
describir de alguna diosa su figura
¡con describir tu apariencia bastaría!

Fuiste mi musa. Pero, sin alegría, sin gloria,
sin aspiraciones, sin identidad verdadera,
sin porvenir claro, sin fe y sin esperanza entera:
¡dará igual que seas pasado o que seas memoria!

Si no existiera el cielo o el infierno, ¿qué poderío
tuviera mi fe sobre tus sentimientos humanos?
Y si no existieran ni los lagos ni los océanos,
¿dónde desembocaría este caudaloso río?

No sé, pero pobre de ti que en versos te fuiste,
en versos viviste y en versos tristes te perdiste.
Toda inspiración del poeta proviene de su alma,
mas tu robaste la mía y lo tomé con gran calma
porque muy bien sé que el verdadero amor no existe…

Con mis versos te fuiste, con pena y gloria,
mas tu evidente huella en mi escritura aún me hiere
y me has tatuado un recuerdo en la memoria:
como una flor que se marchita y se consume
prisionera en un florero, cuando marchita muere
deja el florero oliendo a su todo perfume.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Nate Holga

Última noche de otoño


¡Noche tranquila y fría,
tú haces mayor mi luctuosa tristeza
y multiplicas mi mortal melancolía!
¡El buitre tiene un nido en la maleza!
¡La serpiente, en el cavidad de una roca,
se alberga del gélido enfurecido!
¡La araña, con los extractos de su boca,
puede construirse un nido!

¡Todo tiene un hogar que le resguarde
de la oscuridad que avanza,
cuando el brillante astro de la tarde
sus enigmáticos relámpagos lanza!
¡Absolutamente todo! ¡La gloria
en las páginas del libro de la historia;
la sonrisa en el rostro aún sin alegría
y hasta el recuerdo tiene a la memoria
para refugiarse allí con su melancolía!

¡Sólo mi cariño, sincero e infinito,
no encuentra en sus soledades atribuladas,
ni conocido destello ni generoso techo!
¡Van sin destino determinado mis pisadas!
¡Maldito, sí, maldito
sea el nombre que tatué en mi pecho!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: leoncio22

Hormuz


Valiente eres tú: combates sin pena,
duermes tranquilo entre asesinos ruidos,
callas tu llanto, escondes tus latidos,
en árida patria, distante y ajena.

Ignoras aquel que ciego te ordena
y, al ver tus anhelos desvanecidos,
combates hasta ver todos vencidos
a los que emergen de la añeja arena.

Valiente matas y muerto caminas:
tus muertos irán donde tu honor vaya,
legando dolor y una mente en ruinas.

¡Ya que puedes hacer! Eres la ofrenda
bélica en esa foránea playa.
¡Muere y se héroe! ¡Mata y se leyenda!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: coyote_16

La culpable


Finalmente completaste un capítulo en mi historia.
Ahora, que estos versos santifiquen tu memoria;
en el amor, nunca va a ser el llanto algo cobarde,
mi corazón es de lava y, cuando sangra, ¡todo arde!

Cuando algún ingenuo me hable de amores,
hablaré de engaños y menosprecios,
pero callaré todos mis dolores:
es mejor no discutir con los necios…

Con maléfica sonrisa pondré mis labios
en las botellas de los viciosos placeres,
me convertiré en el tahúr de los más sabios
que saben cómo burlarse de las mujeres.

Serás tú única responsable si algún día
disparo una bala a una mujer en el pecho;
porque tú has despedazado la mente mía,
¡con sangre, otras saldarán el daño que has hecho!

El orgullo me reclama cualquier venganza;
en mi mente tu malévolo perfil copio,
creo, al observarte, que pesa en la balanza
más el odio por ti que todo el amor propio.

Con apatía y rencor, pero siempre con calma,
ya concluido este capítulo de amor fugaz,
me retiro susurrando, al observar de tu alma
la infinita nebulosidad: ¡descansa en paz!


© Elvis Dino Esquivel
ليلة سعيدة و أحلام لذيذة

Imagen: thewanderingslacker

Heroísmo


Combatiste por el libre derecho
con tan solo levantar esa mano,
como extraordinario americano,
cargas alguna medalla en tu pecho.

Regresas con el corazón deshecho
mas no le temes a ningún tirano;
solo por las noches lloras, insano,
tu deber patrio sigue insatisfecho.

Se olvida a los que al enemigo matan
pero no a los que su vida arrebatan:
si la guerra es justa, morir glorifica.

Veterano, quítate esa aureola;
no es héroe aquel quien vidas inmola,
si no aquel que su vida sacrifica.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: MFAH

Epílogo


I

He concluido este poemario. Recita, amada,
los poemas que le he dedicado a tu mirada.
Ven, querida, este libro quiero darte:
lee y notarás que llenos de dulzura,
mis humildes versos quieren probarte
que tu recuerdo en todo mi ser perdura.

Afirmas que soy poeta y que enamoro:
soy poeta porque tú eres viva poesía;
callado escribo mientras tu mundo exploro
y tu naturaleza inspira la mente mía.

Este poemario es callado testigo
del tiempo que mi espíritu en guerra,
combatía así mismo como enemigo
a las memorias que uno se aferra;
olvidando sus alegrías y sus risas
que se perdían calladamente en las brisas.

Recita, querida, estos versos: es cierto
que en ti se inspiró mi alma tranquila,
pues vi reflejada en tu pupila
todo lo que soñé un día en el desierto.

¡Querida, si no pudiera ver en tu cabeza
esa brillante esencia que nace de tu pecho,
escribiría enfocado solo en tu belleza
y reclamaría tu amor como mi derecho!

No, no escribo buscando nuevos amores,
solo deseo cumplir uno de mis placeres:
que mis poemas, como las bellas flores,
gusten y hagan sonreír a las tristes mujeres.

II

Recita mis cursis poemas a esa hora
en que la luz del día se esfuma,
trayendo de tus ojos la espuma
que conciben la luna conquistadora.

Ven, querida, con toda tu noche entera
para que en la oscuridad de tu mente
ilumine con mis versos tu cantera;
deberías, al leerme, quedar convencida
que el poeta no dura eternamente
¡mas sus poemas duran para toda la vida!

Recita, amor, mi pasado fracaso;
sé que tú no me juzgarás, ¿acaso
el astro de mis noches luminosas
es una flor que crece entre mis ruinas?
No importa si crecen hermosas rosas,
¡pues en cada una brotarán espinas!

En mis torpes versos y en mi alma loca,
quiero, al veme cobijado en tus cálidos brazos,
ver pintada una sonrisa en tu boca,
mientras aceptas un corazón hecho pedazos.

Aquí encontrarás escritas cada una
de mis fatuas juveniles pasiones
ocultas en lo oscuro de la luna:
guardó con devoción ese astro añejo
estas muy modestas composiciones,
su cambiante faz fue mi propio espejo.

Para ablandecer el rígido pecho
que soberano del amor se jura,
es necesario escribir con despecho
sobre lo que creemos que perdura.
Para llenar los vacíos hay amores...
¿quién se atreve amar a los escritores?


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Denise Worisch

Olvidar dura una eternidad



En este solitario mar navegaste un día,
en mi solitario corazón tu amor pusiste
y solitario aún te recuerdo todavía.
¡Me acompaña tu recuerdo en mi barco temido,
y en la solitaria guerra, que combato triste,
en aquel infinito desierto del olvido!

¿Ya me olvidaste? ¿Ya me has dejado de amar?
Por supuesto que no: ¡el marino que navega
nunca puede olvidarse de su amado mar
ni mucho menos de su adorado navío,
la playa no se olvida de la ola que llega
ni el mar de la montaña mientras fluya un río!

No puedo olvidarte: en la guerra me pierdo,
mas perdiéndome solitario en ella consigo
entender el secreto de tu recuerdo.
¡Tú eres para mí lo que el marinero es al mar,
lo que la muerte es a la sangre del enemigo,
lo que la guerra es a la gloria del militar!

No sé cómo sobrevivo aquí tan lejos,
sin verte, sin acariciarte, sin escucharte.
Sigues presente en todos los áridos espejos,
porque tú, cuando se encuentra mi alma trágica
en las profundidades del desierto, ¡eres mi arte,
mi guía, mi zahir, mi vida y mi escritura mágica!

No importa si lejos estoy, ¡aún puedo mirarte!
Ya que la ingenua memoria, en sus insensateces,
te tiene viva y presente aunque estés tan aparte;
y delirando así, aún en la beligerancia,
te siento cerca, muy cerca… ¡porque sueño a veces
que no existe eso que llamamos tiempo y distancia!


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Jerry Uelsmann

Mar nocturno


A Claudia Painter

¡Cuántas noches voy a recordar
el triste adiós de la ribera,
donde algún recuerdo me espera
desde que salí al vasto mar!

Me encanta el infinito oleaje
que nunca cesa de desplazarse;
entre el afable espumoso encaje,
espero mi mente se disperse.

Me encanta el astro encendido
del elegante manto de la noche,
el que abre el oscuro broche
de la callada boca del olvido.

Cada radiante astro es un recuerdo
que el alma a la noche envía:
por eso es que en la sombría
constelación del pesar me pierdo.

En esta triste noche sin calma
busco mi propia infinita huella,
¡si una memoria es cada estrella,
entonces una galaxia es mi alma!

Al perder de mi vida su gloria,
mi espíritu volteó al ayer,
donde soñó con aprender
a vivir de pura memoria.

En la vigilia, el pensamiento
más precioso y etéreo es,
ese que ocurre cada vez
que mi alma vive el momento.

Es el vasto mar que me inspiró
a escribir versos de desamor:
fue mi copa, yo fui su licor,
¡y ya todo el licor se agotó!

En sus aguas me sentí protegido
porque su esencia estaba con la mía:
esta contienda era la harmonía
que mantenía a mi ser unido.

Una noche, a mi mente vi huir
hacia un recuerdo muy lejano,
entonces, entre yo y el océano,
¿quién no debería de existir?

¡Maldita noche de espanto!
El mar sufre de lo mismo,
su dolor cae en mi abismo
con la gota de mi llanto.

Llegando a la enemiga playa,
la noche me ofrece su cruz,
avisto a lo lejos una luz
que suplica por una batalla.

Es la imaginación traidora
y quiere verme en el fondo del mar,
mi cuerpo comienza a escuchar
mas me detiene la naciente aurora.

Y aunque yo quisiera ahogar
todo lo que dolor me estimula,
las saladas gotas del mar
son solo lágrimas que acumula.


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: 

La despedida


A Charles O. Sare, USN

Te despiden del puerto tus amores,
lloran como si estuvieran de luto;
tu último regalo pueden ser flores,
en Iraq la vida dura un minuto.

De pie, una lúgubre lágrima brota
y honor cubre tu patriótica frente,
sabes que en bélica tierra remota,
plácida se puede perder la mente.

La anónima bala que aún no hiere,
te espera y en todo tu cuerpo palpita,
el vivo nunca vuelve y aquel que muere
con una vil medalla resucita.

Vive y vagará tu mente en los lares
donde arde perenne la arena y cielo;
muere y justificarás los pesares
de los que te ven con un pie en el suelo.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Carl E. Gibson

En un puerto árabe


A todos los compañeros con los que combatí
 en el Medio Oriente durante las operaciones 
Libertad Iraquí y Libertad Duradera (Afganistán)

En mi copa, un colega me sirve el mejor vino
de opacos tonos y de glamurosos cristales,
el que refleja todos los besos estampados
y las miradas de mis más arcaicos quereres.

Arrojo a la arena con el desprecio mío
ese maldito vino de dulce sabor.
¡Solo quiero tequila! ¡Las piñas de agave
desde tiempos coloniales saben mejor!

¡Denme pinche tequila! Que a través del vaso
pequeño, universos enteros se ven;
y como el tequila, claros son los ojos
de las amargas aguas del golfo de Adén.

Fumo. Los sabores del tabaco árabe
hacen que la shisha calle mi dolor.
Bebo y suspiro; nostálgico y triste
contemplo la arena sin odio ni amor...

Hace mucho calor, es verano. El rifle duerme
sin munición y en un rincón olvidado está.
Brindemos: el rico shot de tequila a las venas
y la flamante sangre más valor nos dará.

Fuck! Bastantes pechos brillantes hay en este disque bar,
cargando victoriosas medallas de falso esplendor.
¡Qué vacíos y tristes se ven los rifles sin cartuchos,
la shisha sin su tabaco y las copas sin alcohol!


© Elvis Dino Esquivel

Dios enamorado


Un elogio a la mujer

En tu cabeza se aprecia una aureola
de brillante luz. A tu cuerpo se suma,
una colosal esencia que perfuma
aquella luna que se pasea sola.

Impregnado en tu corazón de oro,
tienes en tu noble alma un tesoro
que solo un venturoso hallaría.
Solo en mi imaginación inquieta
puedo, como tímido poeta,
describirte en una poesía.

Si en esta solitaria noche estrellada,
quisiera Dios, con todos sus sublimes dones,
mostrar su infinita grandeza incomparada,
te mostraría a ti, base de inspiraciones.

Sin duda, Dios te creó a su altura.
No solo tu perfecta hermosura
pero tu gran forma de ser demuestra
¡qué del Creador fuiste obra maestra!

Dios estaba enamorado al crearte,
de evidencia solo basta mirarte,
porque como tú no hay ni habrá ninguna,
¡todo lo que Dios vio, de tu figura,
a un lado se apartó de tu escultura,
para apreciarte como a la luna!

En su mente, tu grandeza ha dejado
una creación llena de emociones,
ya que en ti siempre quedará grabado
el producto de sus ilusiones.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: di3sel

Iraq


Iraq es una amplia histórica hoguera,
los sádicos inviernos son muy fríos,
las batallas se dan en los estíos
mas se muere mejor en primavera.

Es cuna de la cultura primera,
Ur y Uruk yacen en restos sombríos
y perdidos sus dos famosos ríos
en la guerra de índole petrolera.

Todo ha sido derribado en su suelo,
sus invasores han traído flama
y tras siglos sigue ardiendo su cielo.

Su vigor a la foránea llama
es de su pueblo el único consuelo
de toda la sangre que aún derrama.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Naep Conference

Los estándares


¿Por qué lloras si es lindo cuando miras
la selva, el desierto, el planeta entero?
¿Por qué te emblandeces si eres de acero?
¿Por qué te asfixias sola cuando respiras?

Dime, ¿por qué en medio de las amargas nubes giras
si detrás de cada negra nube brilla un lucero?
Porque únicamente tu sufrimiento es verdadero
y los estándares de belleza son vil mentiras.

Cuando se juzga solo con la mirada
observamos el exterior solamente,
y así transformamos superficial e inútilmente
una risueña mujer en… ¡una desdichada!

Cuando el complejo sin querer sale,
en la misma belleza el dolor cabe:
¡cuánta angustiada mujer no sabe
que solo lo de adentro es lo que vale!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Sergey Vlasov

El veterano


Deja al veterano que ría y brame,
y golpear paredes cual insano;
duerme tarde y despierta muy temprano,
su noche es larga, su dolor infame.

No juzgues: deja que su ira se inflame
y las heridas adornen su mano,
mas no le temas, no es ningún villano,
deja que su dolor interno exclame.

Llora cuando su amor propio claudica,
su mente es un mar en perpetuas llamas:
su cuerpo arde, su llanto purifica...

Los psicólogos su dolor entienden,
solo con terapias y melodramas,
los recuerdos podridos se desprenden.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Dan Nance

El yihadista


Sombra aterradora que nos acosa;
nombre que de gran pánico nos llena;
creyente de otro dios que nos condena;
combatiente de cara misteriosa.

Rival que su propio cuerpo destroza
y cuya devoción ciega envenena;
sádico que a sus propios encadena
con su fanática fe tempestuosa.

A los infieles los quiere en su averno
y decapitación es la sentencia;
su propio dios ve su vacío interno:

Falsa es la fe que incita la violencia,
¡cobarde aquel que en el mundo moderno
asesina sin piedad por creencia!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Crystler

Un naciente otoño


A Ivette Martínez

I

Eres deidad pagana y elegante
del tiempo en que la naturaleza
desnuda su bosque abundante
y revela su íntima pureza.

Asimismo el carnaval natural
sobre tu sedosa piel de flor,
disgustando ricos frutos de amor,
brota en tu místico madrigal.

La tangibilidad de tu belleza
enamora a los seres espirituales,
que se disfrazan de simples mortales
para acariciar tu naturaleza.

Árboles abundan en tu ribera
y matorrales arropan tus pies:
la superficie que pisas es
una verde alfombra de pradera.
 
II

Risueña gozas de la radiante fiesta
convertida en hada con alas de loro,
y vuelas ágilmente al ritmo sonoro
de la talentosa ambiental orquesta.

¡Un nuevo otoño ha nacido! En la llanura,
natura entró en su más apasionada etapa,
donde intrépida, lentamente se destapa
y muestra al mundo su desnuda figura.

Tu vasto encanto otoñal arrebata
muchos suspiros de tu sol amante;
con quien fulguras como fino diamante
sobre los caudalosos ríos de plata.

Deja a la naturaleza creadora
acariciar tus tenues tallos de seda.
No olvides que el otoño te adora
porque en tu perpetuo espíritu se queda.

Esta velada no tienes quien te cuide;
has nacido libre. Natura te pide
que no provoques catástrofes furtivas,
ya que eres todo lo que cultivas.

III

Así inicia el baile autumnal: Las hadas
despintan y deshojan con alazos
plantas y árboles, evitando pinchazos
de las punzantes ramas deshojadas.

Mientras tanto la celestial multitud
celebra la periódica destrucción;
ya que entienden con exactitud
que destruir es un tipo de creación.

Y tú vuelas bailando en el centro
rodeada de invitados celestiales,
echas las malas vibras que llevas dentro
y las destruyes cual frágiles mortales.

Y bailas con augusto orgullo
al son de la rítmica nota;
sabiendo que el otoño es tuyo,
tu energía jamás se agota.

El entorno que se está transformando
de tu belleza se va inspirando,
¡observa con detalle la hermosura
física de tu divina figura!

Así continúa la otoñal fiesta,
todos los invitados son importantes:
las mitológicas hadas son danzantes
y los seres terrenales la orquesta.

La celebración no cesa
y, merecedora del ferviente
poema de un otoño naciente,
sonríe una hada traviesa.

El otoño tatúa tu gris memoria:
con sus pigmentos, árboles deshojados
y con sus bellos cielos nublados
suturas tu existencia de euforia.

De nuevo vuelas y llamas la atención,
para mantener al público entretenido,
aclaras que la temporal desolación
es señal divina que el otoño ha venido.

IV

El son natural aún se percibe
y con todo el otoño en tus manos:
les recuerdas a los seres humanos
que el árbol aún deshojado vive.

El triste pasado al árbol hiere,
porque en cada hoja que tiene
un mal recuerdo se mantiene,
por eso cada hoja en otoño muere.

Al resto del hemisferio te has ido
y la gran fiesta por fin ha concluido:
los otros entes en un extenso vuelo
vuelven a su universo paralelo.

Con tus pulcras alas de hada,
emprendes tu largo viaje
y quedas muy enamorada
del pigmentado paisaje.

V

Tras la gran fiesta otoñal de fervores,
ágil vuelas y te pierdes en los prados,
cambias algunas hojas de colores
y algunos árboles dejas deshojados.

Lega el otoño un colorido follaje
y hojas que caen lentas a tus pies,
¡te bendice con su sublime paisaje
para que lo lleves donde estés!

Bastante nostalgia despierta
en este espíritu cuerdo:
¡eres tú un vivo recuerdo
de la naturaleza muerta!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: DrawnProphecies

Amor altivo


Eres altiva y yo soy de tus eternos presos,
de esos que desdeñas y haces sentir inferior;
enfatizas esa banal belleza exterior,
pero no eres más que una envoltura de huesos.

Me amaste ayer, hoy solamente soy tu olvido. Ésos
que buscan inútilmente ser mis sucesores,
tratarán de recrear mi amor con sus amores
porque te besarán sobre mis antiguos besos.

Eres demasiado altiva y en tu ego te consumes;
preciosa pero con corazón tórrido y tierno,
¡tan tórrido como el miserable sol de invierno
y tan altiva que hasta tu excremento presumes!

Bórrame de lo más profundo de tu memoria
mientras te desecho a ti, mujer altiva e impura.
Ingiere el veneno de tu efímera hermosura
mientras borro mi nombre de tu trivial historia.


© Elvis Dino Esquivel


Imagen: Matt J. Sherman