En los versos de un poema



Nullius in verba

I

¿De qué te sirven estos versos? 
¿Para qué te escribo este poema?
¿Acaso para que en estas líneas
describa todos tus atractivos?

No, ya que tú sabes que tienes 
unos ojos traviesos, divinos,
que juguetones ofrecen 
a un perdido viajero el camino.

Sabes que tienes boca hechicera, 
cuerpo dúctil y ferviente,
garganta y pecho que sirven 
para atraer al pretendiente.
Bien sabes que bajo tanta belleza 
encierras tanto atractivo.

Sabes que tu simpática inquietud,
tu orgullo irónico y perverso,
tu desprecio o tu sonrisa,
tu gesto amable o desdeñoso
te hacen un ser adorable 
pero un ser indefinido, 
que provoca pavor o esperanza, 
aunque siempre infunde cariño.

Recuerda que tú lo sabes mejor
mas que los que pueden decirlo,
que tu belleza se observa en tus acciones
y no en espejos o apariencias ni mucho
menos en los versos de un poema.

II

¿Acaso sobre un pedazo papel
guardarán tus íntimos amigos,
con su letra y su recuerdo, 
la ofrenda de su cariño?

Solamente la falsa amistad,
solamente el aprecio fingido
requiere conceder recuerdos 
que duren más que sí mismos.

Y cuando pase al recuerdo 
lo que se dejó escrito,
¿acaso es porque ya la amistad
del corazón se ha extinguido?

Solo recuerda que la amistad verdadera,
el cariño verdadero y sincero
se guarda en los corazones
y provienen de sus voces,
y no de los versos de un poema.

III

¿Esperarás que el amor
escriba fervorosos himnos
en estas hojas describiendo
sus éxtasis, sus delirios?

No, que el amor verdadero
jamás escribe intrépido
lo que nació en silencio,
lo que se creó en secreto…

Las palabras amorosas
que al labio promulga el cariño
solo conservan su ternura
cuando son susurradas al oído.

Recuerda que el amor nunca se escribe,
se descubre en los suspiros,
se manifiesta en los ojos
mas no en los versos de un poema.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Terri Graham

Agradecimiento eterno


Deus ex machina

Increíble mujer de misteriosa magia, 
su luz me guía y me refugio en su amor; 
el suave aroma de su pelo me contagia,
convirtiendo mi vida en un sueño encantador.

De las tragedias del mundo me defiende
y me aleja de las pesadillas del desierto;
su auténtica y amable persona me atiende
y me motiva a la vida, al bien y a lo cierto.

Existe un eterno Dios y por ella creo:
¡mis sueños y mi esperanza de ella son!
La religión critico... mas yo en ella veo
el principio de la inmensa creación.

El destino fue quien me enseñó a quererla,
es una mujer única: ¡ya que sabe transformar 
cada gota de llanto en una hermosa perla
y en un hermoso recuerdo cada pesar!

De mi etapa triste y solitaria,
ella en consuelo convirtió mi dolor,
¡recé con su fe mi primer plegaria
y amé con su corazón mi último amor!

Suele a veces negarme sus favores,
mas yo mis gracias sin parar le doy, 
¡a ella le debo las alegres flores 
que, hasta marchitas, me consuelan hoy!

La angustia de la tierra no me importa
ya que su encanto me hace reflexionar,
¡ella me dice que la vida es corta
y que hay que disfrutarla sin cesar!

Mi sola ambición es ser digno de ella,
acariciar su amor y llenarme de su alegría:
quiero ver su brillo en mi solitaria estrella
y su luz tornando mi triste noche en día.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: di3sel-d392iof

Última noche de otoño


¡Noche tranquila y fría,
tú haces mayor mi luctuosa tristeza
y multiplicas mi mortal melancolía!
¡El buitre tiene un nido en la maleza!
¡La serpiente, en el cavidad de una roca,
se alberga del gélido enfurecido!
¡La araña, con los extractos de su boca,
puede construirse un nido!

¡Todo tiene un hogar que le resguarde
de la oscuridad que avanza,
cuando el brillante astro de la tarde
sus enigmáticos relámpagos lanza!
¡Absolutamente todo! ¡La gloria
en las páginas del libro de la historia;
la sonrisa en el rostro aún sin alegría
y hasta el recuerdo tiene a la memoria
para refugiarse allí con su melancolía!

¡Sólo mi cariño, sincero e infinito,
no encuentra en sus soledades atribuladas,
ni conocido destello ni generoso techo!
¡Van sin destino determinado mis pisadas!
¡Maldito, sí, maldito
sea el nombre que tatué en mi pecho!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: leoncio22

Levanta el ánimo


Si el amor es la esencia de la vida,
¿por qué te sientes tan destrozada?
¿Por qué bajas la frente deprimida?
¿Por qué el llanto te nubla la mirada?

¡Levanta con entusiasmo la cabeza
aunque el corazón esté vacío!
¡Olvídate de toda belleza
cuando sientas el beso mío!

Teniendo tú, belleza misteriosa
de Afrodita las sacras desnudeces,
¡solo los guardianes de esta diosa
podrían fungir como tus jueces!

¡El que juzga sin fundamentos, erra!
¡No reclines con desconsuelo la cabeza!
Recuerda que no existiría paz sin la guerra
ni complejos sin hablar de la belleza.

Levántate tranquila y victoriosa
sobre el opaco crepúsculo de mi vida,
ser humilde, ser saludable y ser cariñosa
es ser mil veces bendecida.

Radiante y natural tu belleza distinta
colorea, al verte, mis cachetes rojos:
¡ya que mi descolorida alma se pinta
cuando en mí fijas tus benditos ojos!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Baxia

Una noche de octubre


La enfermera
Marinero: en tu corazón olvidado
ya crece una flor, que abre al estío
su cáliz celestial. Está sembrado
de estrellas apagadas el vacío.
Háblame de tu amor; sobre mi seno
despoja de tus angustias el veneno;
y mancha de mis manos lo esplendente,
con las ardientes gotas de tu llanto,
mientras extiendo el bendito manto
sobre las negras nubes de tu frente.

El marinero
Todo yace dormido:
el ave en el nido; 
en el cielo, el sol; en la espesura,
las plantas de fragancia llenas;
en mis afectuosos ojos, tu hermosura;
y en mi olvidado corazón, las penas.

La enfermera
No pienses que me engañas; 
no creas, no, que tu tristeza ignoro; 
¡hay humedad colgando en mis pestañas, 
ya que lejos tengo al hombre que adoro!

El marinero
¡Solo te tengo a ti! ¡De tu pupila
la brillantez tranquila
basta para alimentar mis soledades!
¡Solo te tengo a ti! ¡No hables de duelo,
comisionada del cielo,
mi prometida fiel, mi nube de piedades! 

La enfermera
¡Regálame ya tu corazón! ¡La pena
que grita comprimida,
con su aliento mortal nos envenena,
como envenena la materia podrida!
¡Regálame ya tu corazón! ¡Tengo derecho!
¡Déjame que comparta tu amargura,
recuesta tu faz sobre mi pecho
que late de compasión y de ternura!

El marinero
¡Eres mi manantial de armonía,
como luna naces cuando muere mi día!

La enfermera
¡Yo soy aquella que por ti suspira,
que nunca te abandona,
y que ha soñado premiar tu lejana gira
con el merecido honor de una corona!

El marinero
¡Tranquila has cambiado toda la rudeza
que me inspira lo infame y lo grosero;
me he enseñado amar a la verdadera belleza,
y me has enseñado a ser todo un caballero!

La enfermera
¡Cuando todo a tu paso se derrumba,
cubriré los escombros con mis grandes alas;
a tu lado estaré en las buenas y en las malas
e inclusive junto a ti yacería en una tumba!

¡Se atraviesa con mi sendero tu camino;
yo represento tu ideal más puro
y siendo también yo parte de tu destino,
te enseñaré abrir las puertas del futuro!

¡No tengo más historia que tu historia, 
ni mejor regalo que tu amor! ¡Soy toda tuya!
Te daré todo el néctar de mi gloria
cuando tu travesía por la guerra concluya.

El marinero
Eres mi mañana, la flor sin espinas
que nace en mi jardín… ¡tu mirada
en mi noche es la luna apasionada
que inspira del sol las luces matutinas!

¡Busca en mi corazón el tesoro 
cuando me regales de tu amor el fuego! 

La enfermera
¡No dudes de la fe con que te adoro!
¡Yo al deleite de tu amor me entrego!

El marinero
¡Déjame que recargue la cabeza 
sobre los cálidos pliegues de tu vestido,
y que me embriague en tu belleza
escuchando de tu corazón el latido!

¡Eres el puerto que sueña todo marinero!
Te extraño, dueña de mis últimos amores:
¡y para que sepas bien cuanto te quiero
voy a contarte todos mis dolores!

Olvidado de ti, que eres la calma,
mi maravillosa y bella prometida,
regalé a una mala mujer el corazón y el alma…
¡convirtiéndola inútilmente en vida de mi vida!
¡La flor de mi corazón abrió su broche
saturado de esencia embriagadora,
llenando mis ilusiones cada noche
de esa mala mujer la cara envenenadora!

Infiriéndote a ti aflicción y agravios,
a ti que eres de mi vida el resumen,
¡moría por un beso de sus labios!

La enfermera
¡Qué en mis labios tus penas se perfumen!

El marinero
¡La adoré postrado de rodillas, 
la adoré desesperado! ¡En mi ternura 
jamás llegó mi labio a sus mejillas, 
jamás ensució mi vista su hermosura!

La enfermera
¡Te conozco bien! ¡Inocente y ciego,
tu amor es grande y por lo mismo puro!

El marinero
¡Yo doy todo mi ser cuando me entrego!
¡La hierba muere, pero pegada al muro!

La enfermera
Entiendo tus pesares y tus enojos:
¡tras la violenta pasión vino el olvido!

El marinero
¡Y llevo aún en mis cansados ojos 
la imagen infernal del demonio perdido!

En el desvelo de las noches mías
la veo aparecer y me desgarra…
¡con su voz de insoportables melodías,
viene sin querer y como presa me amarra!

¡Y no me avergüenzo de llorar! ¡El llanto
prueba que el corazón no está marchito!
¡Cubrí mis penas con el manto
cuando supe de ella el delito!

¡Los demonios nunca lloran! ¡La amargura
es una irradiación! ¡De cada espina
que se hunde en nuestra frente, brota y fulgura
una obstruyente luminosidad divina!

La enfermera
¡Llora, corazón! ¡Llora tus dolores!
¡Los llantos del pesar son inmortales!
¡Con rocío se nutren los rosales
y se filtran todos los amores!

El marinero
El día empieza: ¡viene ya la mañana 
cubierta de esperanza! ¡Viene ya la sorpresa
con que el sol sus destellos engalana
cuando las plantas de la noche besa! 
¡Con tu limpio esplendor viene el olvido!
¡Los fantasmas se van! ¡Todo se azula:
el cielo por los vientos recorrido,
la niebla gris que en el precipicio circula!

¡Lentamente la luz sube a su trono,
mientras recupera la perdida calma!
¡Dejemos los rencores en el abandono,
mientras iluminamos, mi amor, el alma!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: US Navy

Cor unum et anima una


I

Musa mía, te quiero mucho, te adoro tanto, 
que al nombrarte a veces a mis ojos se asoma el llanto; 
¡y aunque dicen que me mientes y que me engañas, 
aún me veo prisionero en la sombra de tus pestañas!

Si el rumor a mi oído llega, mi orgullo abandono: 
si es verdad que me engañas, ¡yo te perdono! 
Uno hace lo que quiere de lo que es suyo, 
y yo, mujer de mi vida, ¡soy todo tuyo!

La lluvia sobre la montaña verde,
baña las flores, nutre el suelo y se pierde
hecha lodo por la superficie de la loma:
seré la flor para darte el aroma
que nutre el cielo con su rocío,
si el desprecio es tuyo, ¡el sufrimiento es mío!
¿Qué podré hacer con toda mi ternura
cuando aparte mis ojos de tu hermosura? 

Mi alma cae en tus manos conquistadoras
mientras tu mujer, la noche adoras:
de las praderas que en mi alma habitan
¡eres todo el líquido que mis flores necesitan!

II

¿Qué podré hacer con todas mis penas
si todas las noches mis sueños llenas?
¿Qué harás con la mina que aún excavo
de tu pecho cuando deje de ser tu esclavo?
Por ti, bien lo sabes, el mundo cambiaría;
por hacerte de nuevo mía, ¡mi vida entera daría!

Hace tiempo una idea me tiene inquieto;
por favor acércate y escucha en secreto:
pon tu hermoso rostro cerca del mío,
mírame y encuentra el poderío
que tus ojos tienen sobre mi alma,
y encontrarás en ella inquietud y calma:
calma porque un día fui dueño de tus ojos
e inquietud porque ahora sufro de tus despojos.

Ahora que mi alma está condenada,
sé que a otros buscas con tu mirada;
si todos mis suspiros el viento deja,
de mi cuerpo cada vez mi alma se aleja;
si tu corazón por otro ya es querido,
¡dime el desgraciado nombre del preferido!

Le daré a tus plantas todos mis amores;
te enseñaré a dar besos suaves como las flores,
te ayudaré a encontrar el más valioso tesoro
cuando descubras que mi corazón también vale oro.

III

A mi gloria le daré la mejor parte
ahora que comience a idolatrarte;
pero, cuando viva pendiente de tu mirada
y cuando te vea siendo amada,
entonces, maldiciendo la suerte mía,
para no ver la grandeza de tu alegría,
¡me largaré con toda la tristeza
a esconderme lejos de mi torpeza!

¡Cuando doy mi cariño, lo doy entero, 
no sé querer a medias a los que quiero!
Y será mi nueva gran aventura
sacrificar el sueño de mi ternura.

¡También sufro de celos, pero los callo
porque con mi corazón lucho y batallo!
Me provocas celos sin razón cuando me miras,
pero celos mortales cuando de otro suspiras
de su ramo de rosas el perfume
que en tu alma se consume 
y que se convierte al tocar tu rostro bello,
en el aire que juega con tu cabello.
 
Cuando te vea contenta y alegre
mis celos sacrifico aunque me denegre:
poniendo así mi corazón rendido
a los pies de mi ser más querido.

Pisa mi corazón, flor de mi cielos grises,
ya que él besará tu planta cuando lo pises.
Pero, ¡qué importan las estúpidas penas mías
si con mis penas haces tus alegrías!

Cuando a la vida le sonrías excitada
llegará el sol hasta el fondo de tu mirada,
¡y para que tu sonrisa jamás se extinguiera
con gusto hasta mi vida entera diera!

Por más que trato de ganar tu afección,
hermosa mía, únicamente caigo en desesperación.
Solo una cosa más te quiero decir musa encantadora:
¡qué a pesar de tus desprecios, mi alma te adora!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: kevron2001

Hormuz


Valiente eres tú: combates sin pena,
duermes tranquilo entre asesinos ruidos,
callas tu llanto, escondes tus latidos,
en árida patria, distante y ajena.

Ignoras aquel que ciego te ordena
y, al ver tus anhelos desvanecidos,
combates hasta ver todos vencidos
a los que emergen de la añeja arena.

Valiente matas y muerto caminas:
tus muertos irán donde tu honor vaya,
legando dolor y una mente en ruinas.

¡Ya que puedes hacer! Eres la ofrenda
bélica en esa foránea playa.
¡Muere y se héroe! ¡Mata y se leyenda!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: coyote_16

La culpable


Finalmente completaste un capítulo en mi historia.
Ahora, que estos versos santifiquen tu memoria;
en el amor, nunca va a ser el llanto algo cobarde,
mi corazón es de lava y, cuando sangra, ¡todo arde!

Cuando algún ingenuo me hable de amores,
hablaré de engaños y menosprecios,
pero callaré todos mis dolores:
es mejor no discutir con los necios…

Con maléfica sonrisa pondré mis labios
en las botellas de los viciosos placeres,
me convertiré en el tahúr de los más sabios
que saben cómo burlarse de las mujeres.

Serás tú única responsable si algún día
disparo una bala a una mujer en el pecho;
porque tú has despedazado la mente mía,
¡con sangre, otras saldarán el daño que has hecho!

El orgullo me reclama cualquier venganza;
en mi mente tu malévolo perfil copio,
creo, al observarte, que pesa en la balanza
más el odio por ti que todo el amor propio.

Con apatía y rencor, pero siempre con calma,
ya concluido este capítulo de amor fugaz,
me retiro susurrando, al observar de tu alma
la infinita nebulosidad: ¡descansa en paz!


© Elvis Dino Esquivel
ليلة سعيدة و أحلام لذيذة

Imagen: thewanderingslacker

9 de octubre de 1993


Pequeño e ingenuo yo,
solo te quiero decir que
todo saldrá bien.
Vendrán muchos años de dolor,
mas tu dolor a los veinte
será el más intolerable,
el resto de los dolores, pasajeros.

Amarás, viajarás y conocerás
increíbles seres humanos;
algunos harán diferencia,
pero tu familia seguirá 
siendo lo más importante. 

No laceraste con profundidad tu piel,
no tomaste las suficientes pastillas,
jamás apuntaste a tu sien,
no te arrojaste al vacío
porque aún le temes a las alturas;
hay una soga escondida en una caja…

A los treinta y tres años
te sigue maravillando
y doliendo el mundo.


© Elvis Dino Esquivel

Heroísmo


Combatiste por el libre derecho
con tan solo levantar esa mano,
como extraordinario americano,
cargas alguna medalla en tu pecho.

Regresas con el corazón deshecho
mas no le temes a ningún tirano;
solo por las noches lloras, insano,
tu deber patrio sigue insatisfecho.

Se olvida a los que al enemigo matan
pero no a los que su vida arrebatan:
si la guerra es justa, morir glorifica.

Veterano, quítate esa aureola;
no es héroe aquel quien vidas inmola,
si no aquel que su vida sacrifica.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: MFAH

Cucharita


A Silvia Zullo

Está acostada a mi lado,
pero no me acuerdo de su nombre.
No es que el alcohol lo haya borrado
pero hay momentos no planeados
que el misterio o el olvido algo esconde
para no arruinar el milagro...

Quizás se llama como mi madre
o como una de las tantas
que me negaron su amor.
La mente es porosa
pero hay nombres que
nos negamos a olvidar.

La abrazo y me pide que la abrace más fuerte.
Desconozco su pasado amoroso
y todo aquello que la llevó 
a refugiarse en mis brazos esta noche...
Pero nada de eso importa
y creo que tampoco su nombre.

Soy un monstruo solitario y triste
y ella es tan pálida y taciturna.
¡Es tan pálida esta mujer anónima
que siento que en cualquier momento desaparece!
Aún no follamos o hacemos el amor.
Pero mientras la abrazo,
trato de dar con su nombre.

Pero, ¿sabrá ella el mío?
Qué va,
¡Nadie se olvida de mi celebre nombre!
Nos conocimos en el caos 
y había alcohol por de medio.
Resaltó entre la multitud por su singular belleza
o por la belleza que le regaló el alcohol,
mi soledad y la noche.

Una mirada, llevó a otra.
Una sonrisa a una palabra.
Un beso a una cama.
Y ahora está ella a mi lado
pero no me acuerdo de su nombre.

Quizás sea juzgado o en el peor de los casos castrado
por haber olvidado su ahora misterioso nombre,
pero nunca nadie nombra los bellos momentos.

De pronto, follamos
y en el acto no mencionó mi nombre;
entonces no hicimos el amor,
ya que éste no se hace entre desconocidos.

Cierro los ojos y recargo mi cabeza sobre la suya...
¡su rostro lentamente comienza a desvanecerse!

De pronto despierto... y ya no está a mi lado.
Se ha ido sin dejar rastro alguno:
Ahora, sin un rostro y sin un nombre...
concluyo que ¡esta noche nunca pasó!


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: BenGoodspeed

Sentimiento inmortal


Lux aeterna

I

¡No pienses que me importa que me ignores 
ni pienses que por ti muero de frío!
¡Es tan profundo el sentimiento mío
que ni una lágrima más por ti esperes!

A mi mente no llega tu agrio desdén:
¡apiádate de mi pena desolada
hasta que encuentre en tu culposa mirada
todo aquello que soñé en el mar de Adén!

Tú no tienes el derecho de olvidarme,
pero, si tienes ganas de aborrecerme:
¡te prometo por la gloria que has de verme
tranquilo y libre de tu imbécil amor!

Creí que en esta noche encontraba calma,
sin embargo, no se ha secado la flor:
aun después de que me arrebataste el alma,
no me arrojaste al abismo del olvido;
sin mí, tu vida no tiene sentido.

II

Te juro por la luz de la vida mía:
¡qué te buscaré como la sombra al día!
¡Te amaré como el marinero ama al mar!
¡Te exploraré como el barco al océano inmenso!
¡Te saludaré como el heroico militar
saluda su amada insignia cuando va en descenso!

¡Sobre el destruido altar de mis amores,
vivirá para siempre tu memoria!
Con tus rechazos reconstruiré mi gloria
para salvarme de mis pesares.

Tal como une a los prisioneros su cadena
nos unirán los pobres versos que te envío,
confesándote que te amé, dulce bien mío,
con dulce amor que corazones envenena.

¡Qué poco importa el amor de otras mujeres,
si mi cobarde corazón no te olvida!
¿Por qué en los momentos más lindos tu vida
niegas nuestras noches llenas de placeres?
Soy un alma que se quedó sin consuelo
y un taciturno astro que perdió su cielo.

III

Para hacer nuestras historias inmortales,
yo derramaré mi sangre, gota a gota,
en las avenidas de la edad remota
con versos de poemas miserables.

El destino te encontrará a mi lado,
vivirás sola al compás de mi vida:
serás la planta que será nutrida
con sangre de un corazón helado.

Y cuando llegue la hora ambicionada,
cuando en el otoño con una flor marchitada,
mi ángel decore triste mi abandonado ataúd,
te confesará al oír las brisas del paisaje:
«¡De la corriente, el viento es el mensaje
que te deja al recordar tu ingratitud!»

Te juro que nadie te amará como yo te amo,
nadie te adorará como yo te adoro,
nadie exclamará su amor como yo lo exclamo,
ni absolutamente nadie en tu corazón de oro
los tesoros del universo encontrará…
como yo encontré, bajo tus pies pequeños,
¡mis alegrías, mis inspiraciones, mis sueños
y mi vida que ahora rogándote está!

Tú has olvidado todas las horas bellas
en que me sorprendieron las estrellas
junto a ti, reclinado en tu balcón,
bañándome con la lluvia de tus ojos,
mientras yo, desquite de tus enojos,
suplicaba por tu olvidadizo corazón.

IV

Aún recuerdo tus amantes cartas,
las que tu gran cariño me escribía:
– «¡Si estás celoso» – tu pasión decía –
«es de ti mismo que celoso estás,
y si del eco de unos pasos huyo,
el eco aquel es del paso tuyo,
que a donde voy en mi memoria vas!»

¿Cómo quieres que perdone y que olvide,
si esas tétricas frases de ingenua ternura
brillan en medio de la noche oscura
en que deambulamos dementes los dos?
Juraste que perdiéndote a ti, perdió mi anhelo
el bienestar en la tierra y, en el eterno cielo,
el inmaculado deleite de aproximarse a Dios.

No sabes que sin ti me encuentro tan vano,
tan miserable como el desgraciado gusano
que se compara al águila genial.
Porque si muero sin el aroma de tu esencia,
cuando llegue de Dios a la presencia
¡llegaré cubierto en lodo terrenal!

V

¡Tú eras lo más noble de mi inspiración! 
Si algo extraño mi ambición soñaba,
era que en tus ojos encontraba 
toda la divinidad de mi ambición.

Aún batallo por ti. Esperando con ilusión, 
sin cerrar los ojos contemplaré al destino, 
porque incendia las espinas del camino 
en que revuelca mi noche, tu visión.

Tu mirada que mis penas magnifica,
tu mirada que me motiva hacia el mañana,
tu mirada cuya frente soberana
trae una corona de luz glorificada.

Tu mirada, que despedazando la luz 
con que me oprime tus misteriosos ojos, 
de su aureola con los anillos rojos 
hace relucir los clavos de mi cruz.

Caminando como Orfeo caminó,
yo he de llegar al fin de la jornada,
dejando tu memoria encadenada 
al nombre que tu orgullo rechazó.

Solos, tristes, derrotados por la vida, 
descenderemos juntos la pendiente, 
y cuando muera el sol de tu frente, 
¡te prestaré mis claridades enseguida!

VI

Cuando sobre las cumbres de tu pecho 
las flores de la tumba abran su broche, 
y se suban las larvas de la noche 
a refugiarse en la boca del despecho.
Cuando emerja lo triste de tu mirada 
disuelto en las neblinas de la sierra,
por el amor con que te amé en la tierra:
¡la apariencia tuya vivirá inmortal!

Como Romeo por dolor estridente
murió junto a su Julieta amante,
moriremos en círculo incesante,
amargada tú y yo indiferente,
al recordar que en su agobiante vuelo
mi inspiración, por tu orgullo despreciado,
en torno de tu frente ha colocado
una tiara de luz eterna en tu cielo.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: sarramed

Epílogo


I

He concluido este poemario. Recita, amada,
los poemas que le he dedicado a tu mirada.
Ven, querida, este libro quiero darte:
lee y notarás que llenos de dulzura,
mis humildes versos quieren probarte
que tu recuerdo en todo mi ser perdura.

Afirmas que soy poeta y que enamoro:
soy poeta porque tú eres viva poesía;
callado escribo mientras tu mundo exploro
y tu naturaleza inspira la mente mía.

Este poemario es callado testigo
del tiempo que mi espíritu en guerra,
combatía así mismo como enemigo
a las memorias que uno se aferra;
olvidando sus alegrías y sus risas
que se perdían calladamente en las brisas.

Recita, querida, estos versos: es cierto
que en ti se inspiró mi alma tranquila,
pues vi reflejada en tu pupila
todo lo que soñé un día en el desierto.

¡Querida, si no pudiera ver en tu cabeza
esa brillante esencia que nace de tu pecho,
escribiría enfocado solo en tu belleza
y reclamaría tu amor como mi derecho!

No, no escribo buscando nuevos amores,
solo deseo cumplir uno de mis placeres:
que mis poemas, como las bellas flores,
gusten y hagan sonreír a las tristes mujeres.

II

Recita mis cursis poemas a esa hora
en que la luz del día se esfuma,
trayendo de tus ojos la espuma
que conciben la luna conquistadora.

Ven, querida, con toda tu noche entera
para que en la oscuridad de tu mente
ilumine con mis versos tu cantera;
deberías, al leerme, quedar convencida
que el poeta no dura eternamente
¡mas sus poemas duran para toda la vida!

Recita, amor, mi pasado fracaso;
sé que tú no me juzgarás, ¿acaso
el astro de mis noches luminosas
es una flor que crece entre mis ruinas?
No importa si crecen hermosas rosas,
¡pues en cada una brotarán espinas!

En mis torpes versos y en mi alma loca,
quiero, al veme cobijado en tus cálidos brazos,
ver pintada una sonrisa en tu boca,
mientras aceptas un corazón hecho pedazos.

Aquí encontrarás escritas cada una
de mis fatuas juveniles pasiones
ocultas en lo oscuro de la luna:
guardó con devoción ese astro añejo
estas muy modestas composiciones,
su cambiante faz fue mi propio espejo.

Para ablandecer el rígido pecho
que soberano del amor se jura,
es necesario escribir con despecho
sobre lo que creemos que perdura.
Para llenar los vacíos hay amores...
¿quién se atreve amar a los escritores?


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: Denise Worisch

¿Qué es la vida?


Cuando en el oscuro firmamento
veo aparecer cientos de astros brilladores,
y otros miles que en un momento
brillan con sus preciosos resplandores.

Buscando la respuesta a la vida en mi pensamiento,
volteo a mirar al cielo y pregunto a los brillantes seres:
– «¿Qué es la vida, que es, brillantes luces bellas?»
– «¡La paradoja!» Me responden las estrellas.

Si al renacer la hermosa primavera
vuelve verde el mundo con alegría;
entonces el río, el bosque y la pradera
son los aromas, las luces y la armonía.

Cuando en jardín se convierte la ribera
y el bosque en viviente poesía,
– «¿Qué es la vida?» Pregunto a sus seres,
– «¡El cambio!» Me responden las flores.

Pero, si al mirar tus ojos, vigila
el bosque al astro su luz preciosa;
si viendo todo el cielo en tu pupila,
alucinante por ti, mi alma curiosa
– «¿Qué cosa es la vida?» Pregunta obsesionada,
– «¡El amor!» Me responderá tu mirada.


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: The Fountain

Guerreros de arena


Belicosos. Solitarios.
Perdidos... naufragan
en la eternidad de un desierto.
Cándidos guerreros de arena
obedecen los vanidosos deseos
de los palacios blancos...

Marchan, altivos,
metralla en mano
al pórtico laberíntico
del averno arenal...

Hiere natura, abrasa
su matutino páramo;
los guerreros sudan
y su silencio bebe la agonía...

La patria maquila la lealtad
de esos combatientes arenosos
que purifican su ingenua gloria
en la áurea lluvia negra...

En la batalla que ningún dios profirió,
enemigos invisibles aparecen
maldiciendo al foráneo
en su vernácula lengua
y los guerreros traducen
con enigmáticas balas...

Titanes indestructibles
que embisten herejes,
lanzan proyectiles
que derrumban memorias...

Las aves metálicas arrojan
en su vuelo, mensajes de libertad,
que solo descifraron aquellos
que al leerlos se entregaron a la noche...

Duelen... ¡oh, duelen! Esos estruendos infinitos
que no hirieron sus carnes,
pero aún hacen eco en la memoria...

(Sentimientos camuflados;
los valientes sollozan solo
bajo el gélido crepúsculo...)

Los guerreros poco a poco
se desvanecen y los cerrados
ojos de los ausentes los buscan.
Sombras aún naufragan
en las dunas perdidas...


© Elvis Dino Esquivel

Imagen: marcmons007